Por motivos de trabajo, tuve que viajar a Beijing a principios de este mes. Mi primer viaje a China. Al tratarse de un viaje de negocios, tuve la oportunidad de viajar con ciertos privilegios pagados por la empresa, tales como Fast Track para pasar el control de seguridad del aeropuerto sin colas - por una zona especial donde no tuve que sacar el portátil ni poner mis cosas en una caja de plástico - sala VIP, para desayunar en modo buffet libre, y cabina Business Class en el avión.
La verdad es que viajar así es una pasada: llegas al aeropuerto, entras directo a la zona internacional, comes y bebes todo lo que te apetezca y luego entras el primero al avión, donde tienes una pantalla individual para ver la película que quieras durante el vuelo y un asiento reclinable que se convierte en cama, para poder dormir cuando estés cansado. Así, cualquiera viaja 9h 😆
Llegada a China
Llegar a China impone. No porque no entiendas nada de lo que hay escrito, sino porque nada más bajar del avión quedas totalmente incomunicado con Occidente: no funcionan Whatsapp, Telegram, Facebook, Instagram... por no funcionar, no funcionaba ni la página de amexgbt.com donde quería consultar el número de vuelo de vuelta para apuntarlo en la Foreigner Arrival Card.
Y es que nada más pisar el aeropuerto, debes cumplimentar un formulario en papel con tus datos personales, los datos de tu alojamiento y el vuelo de vuelta. Y yo sin poder acceder a mi correo corporativo ni a mi correo personal ni a la web de la agencia. Por suerte, recordé que había tomado una captura de pantalla de esos detalles y pude rellenar el número del vuelo de vuelta 😅
Pagos
Lo siguiente fue coger un taxi hasta el hotel. Obviamente, el taxista no hablaba ni papa de inglés, pero como uno es ya perro viejo, había hecho una captura de pantalla con la dirección del hotel en chino antes de salir de España y, tras el ni hao (hola) de rigor, aquello bastó para ponernos en marcha hacia el hotel.
Al llegar al hotel, traté de pagar la carrera con tarjeta, pero allí las tarjetas no se estilan. El taxista me mostró un QR para efectuar el pago pero no lograba aclararme sobre cómo pagar, hasta que un mozo del hotel me ayudó a escanear el QR del taxista guiándome por los menús de la aplicación WeChat.
El hotel tenía un gimnasio 24h al que se podía acceder por este espectacular tobogán.
En el hotel, tuve que pagar la cuenta entera al entrar, a diferencia de Occidente, donde liquidas la cuenta al marcharte. Aquí sí que pude usar mi tarjeta de crédito. Por si esto no fuera suficiente, me cargaron también un extra, por posible uso de minibar y servicios del hotel, que luego me devolvieron al marcharme.
En resumen, en China, los pagos se realizan principalmente con una aplicación llamada WeChat, algo parecido a un Whatsapp que incorpora perfiles, un navegador y un sistema de pago. Algunos comerciantes aceptan además AliPay, y si no, efectivo. Pocos son los establecimientos que aceptan tarjetas de crédito.
Calles
En mis primeros días en Pekín, hubo dos cosas que me llamaron fuertemente la atención: la primera fue la cantidad de motos que había por las calles, y la segunda, lo limpias, tranquilas y seguras que eran las calles en contraposición con Europa. No había mendigos, toxicómanos, excrementos, ratas...
En cuanto a las motos, me comentaron mis homólogos de China que uno puede conducir un ciclomotor sin ningún tipo de licencia, simplemente comprando el vehículo. Es por esto que por las mañanas había hordas de motoristas yendo a sus respectivos trabajos con su "batamanta" delante de la moto.
Por otro lado, las calles estaban muy limpias, en varios aspectos. Por una parte, no percibí esa polución que nos mostraban en la TV hace años, supongo que por la ingente cantidad de vehículos eléctricos que circulan por la ciudad. Por otra parte, no había basura ni adoquines rotos ni nada parecido por las calles.
Asimismo, no vi, ni de noche ni de día, a nadie gritar por la calle, hacer ruido con un coche, estar demacrado en un banco, borrachos, ni ese tipo de cosas que, desgraciadamente, ya hemos normalizado en Occidente. La verdad es que me encantó el espíritu de la ciudad. Daba la sensación de genuina tranquilidad.
Comida
Aquí viene lo mejor de mi viaje: la comida. China es otra cultura. Mientras que Europa, aún con sus distintos idiomas y tradiciones, es bastante similar entre países, China es un sitio totalmente distinto, y donde más se nota, es en la comida. Comida que nada tiene que ver con los restaurantes chinos de Europa.
Aprendí que, en la tradición china, los platos redondos se asociaban al Cielo (emperador) y los cuadrados a la Tierra, y que el uso del color amarillo estaba reservado para la familia imperial. Me lo contaron en un restaurante de Pekín donde comí "pato Pekín" al preguntar por la diferencia entre los tipos de platos.
chuan (串儿). Pinchos de cordero adobados. Un auténtico manjar.
Para mí, la mejor de las comidas que descubrí en China es, con diferencia, el "chuanr" o "chuan" (en chino 串儿). Se trata de pinchos de cordero - aunque también se pueden encontrar de pollo y de ternera - adobados con una combinación perfecta de comino, pimiento seco, sal y sésamo. Increíbles.
Lo más raro que probé en China fue "腐竹" (fǔ zhú), en español "láminas de soja". Se trata de piel de cuajada de soja, hecha de la película que se forma en la superficie de la leche de soja al hervirla. Su aspecto habitual es el de tiras secas de color amarillo, pero yo lo probé en forma de bola. Algo realmente curioso.
Fruta
La fruta que se encuentra en China merece su propio apartado. Por un lado, probé la "pera nieve corona" (皇冠雪梨, huángguān xuělí), una variedad de pera asiática con un gran contenido de agua y una textura crujiente. A diferencia de muchas peras europeas, presenta una pulpa más firme y menos granulada. En China es habitual encontrarla ya pelada y preparada para consumir.
También me dieron a probar un tipo de naranja dulce (不知火柑桔) conocido allí como "naranja fea". Se trata de un cruce entre las variedades de naranja "Kiyomi" y "Nakano No. 3 ponkan" creado por el Instituto Japonés de Investigación Agrícola en 1972. Fue introducido en China alrededor del año 2000 y, desde entonces, se ha convertido en una de las variedades de cítricos más representativas del país.
Naranja fea (丑柑, chǒu gān). Cuatro unidades por 21,83 CNY (~ 2,75 €).
Mención especial a otra fruta que me gustó mucho: la "manzana de cera" (黑金刚莲雾, hēi jīngāng liánwù). A pesar de su nombre, no se trata realmente de una manzana sino que es una fruta en forma de campana o de pera, con un interior de color rojo y una textura muy crujiente y acuosa. Su sabor es suave y refrescante, y recuerda ligeramente a una mezcla entre pera, sandía y manzana.
En los supermercados había muchas otras frutas curiosas, como el "melón cuerno de miel" (羊角蜜瓜, yángjiǎo mì guā), una variedad alargada de melón, el "pomelo rubí" (红宝石柚, hóng bǎoshí yòu), un pomelo de gran tamaño con un sabor menos amargo y la jaca (菠萝蜜, bōluómì), una de las frutas tropicales más grandes del mundo, cuyos ejemplares pueden superar los 20 kg de peso.
Centros comerciales
Otra de las cosas que más me llamaron la atención de Beijing fueron los centros comerciales. Eran inmensos. Si cuando entras a un El Corte Inglés este te parece grande, decirte que la mayoría de centros comerciales que visité en Pekín eran como 10 veces el Corte Inglés promedio, como poco.
Al igual que ocurre en España, dentro de los centros comerciales había tiendas de ropa, restaurantes, rooftop bars... y concesionarios de coches. Sí, has leído bien. En la planta 2 o la planta 3 de un centro comercial cualquiera había 3 o 4 aparadores con coches de marcas chinas, a unos 30.000 € el coche promedio.
Fue precisamente en un centro comercial donde vi ordenadores portátiles Huawei MateBook que no había visto antes en España. Y para cosas no vistas en España, vi marcas de móviles chinas que no había visto antes tampoco: Honor, OPPO, vivo, iQOO, OnePlus, realme, Meizu, Nubia...
Asimismo, había tiendas Xiaomi en cada centro comercial, donde vendían desde televisores a aspiradoras, pasando por cerraduras inteligentes, palos para hacerse selfies, masajeadores de cuello... Cualquier cosa que te puedas imaginar, allí estaba. Eran como un gran bazar. Y todo a precios muy asequibles.
Coches
En China, los coches tienen uno de dos tipos de matrícula: matrícula azul con letras blancas, la cual indica que el coche es de combustión, o matrícula blanca difuminada hacia verde, que indica que el coche es eléctrico. En ciudad, la mayoría de coches eran eléctricos. En autopista, la mayoría eran de gasolina.
Por otra parte, aprendí que en China, hay coches con una L al final del nombre (como el Audi A4 L o el Mercedes-Benz Clase C L), por Long Wheelbase. Son coches que ofrecen más espacio en las plazas traseras, algo muy valorado porque muchos compradores priorizan el confort de los pasajeros o usan chófer.
Mercedes-Benz Clase C. L de Long Wheelbase. Matrícula azul por motor de gasolina.
Estas versiones "L" suelen fabricarse en China mediante acuerdos entre marcas extranjeras y fabricantes chinos. Normalmente, aumentan su longitud o distancia entre ejes entre 5 y 15 cm respecto a los diseños originales, convirtiéndose en coches claramente más grandes que sus equivalentes europeos.
Por último, mencionar algunas marcas chinas de coches con mucha presencia en las calles de Beijing: desde BYD, que domina gran parte del mercado eléctrico, hasta NIO, conocida por sus estaciones de intercambio de baterías. También vi Li Auto, muy popular entre familias y Geely, propietaria de marcas como Volvo.
Palabras finales
China, o mejor dicho Beijing, me gustó mucho. Pude ver la ciudad por las noches y pisé pocos sitios turísticos más allá de la mítica plaza de Tiananmen, pero lo que me encontré distaba mucho de mi idea preconcebida de sitio pobre y descuidado. Al contrario, es una ciudad moderna y perfectamente cuidada, donde con un buen trabajo intuyo se vive mejor que en Europa (más limpieza y seguridad).
La mayor barrera a la hora de visitar el país es el idioma, pues casi nadie habla inglés, y el sistema de pagos por WeChat, donde los menús de los restaurantes están en perfiles de WeChat y la cuenta se paga también por esta app. Si alguien te explica de antemano cómo usar WeChat, ya tienes mucho ganado. Yo tuve suerte y algún camarero me ayudó; si no, me hubiera muerto de hambre 😅
Para terminar, me gustaría comparar algunos precios entre Beijing y Barcelona: billete sencillo de metro 0,50 € (Beijing) vs 2,65 € (Barcelona), media hora en DiDi (los Uber/Cabify de Beijing) 4 € vs 15 € (Barcelona), menú de mediodia 5 € (Beijing) vs 15 € (Barcelona). Eso sí, los alquileres cuestan lo mismo en ambas ciudades (!).
❤️
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